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Cómo organizar una vuelta al mundo: mapa de nuestra ruta y planificación

Cómo organizar una vuelta al mundo: nuestra experiencia

Hay viajes que se planifican durante meses.

Y después está dar la vuelta al mundo.

¿Cómo organizar una vuelta al mundo sin gastar una fortuna y sin terminar completamente perdido? Cuando decidimos hacerlo, tampoco teníamos todas las respuestas. Lo que sí teníamos era un sueño y aproximadamente un año para convertirlo en realidad.

Teníamos algo mucho más sencillo:

ganas de hacerlo.

La idea surgió una noche, después de ver con Sabrina la película A 60 km/h, que cuenta la historia de una familia uruguaya que recorrió el mundo en una Citroën Mehari.

Terminamos de verla y nos quedó dando vueltas una pregunta:

¿Y si nosotros también damos la vuelta al mundo?

Unos días después ya estábamos buscando vuelos.

Y aproximadamente un año más tarde, con dos mochilas de 60 litros, un montón de reservas y muchísima ilusión, estábamos a punto de comenzar una de las aventuras más grandes de nuestras vidas.

En total, terminaríamos haciendo 35 vuelos, recorriendo 20 países, atravesando los cinco continentes y utilizando prácticamente todos los medios de transporte imaginables.

Pero para llegar hasta ahí hubo que organizarlo todo.

Y en este artículo queremos contarte cómo planificamos nuestra vuelta al mundo paso a paso, qué decisiones nos funcionaron, cuáles no repetiríamos y qué aprendimos durante el proceso.


1. Cómo organizar una vuelta al mundo: nuestro paso a paso

El primer paso es decidir que realmente vas a hacerlo

Puede parecer una obviedad, pero para nosotros fue probablemente el paso más importante.

Muchas veces tenemos un viaje en la cabeza durante años:

“Algún día quiero conocer Japón.”

“Algún día quiero recorrer Europa.”

“Algún día quiero dar la vuelta al mundo.”

El problema es que ese “algún día” puede quedarse ahí para siempre.

Nosotros pasamos de decir “qué lindo sería” a preguntarnos:

“¿Cómo podemos hacerlo?”

Y ahí empezó todo.

No teníamos todos los recursos necesarios en ese momento. De hecho, nuestros ahorros iniciales no eran suficientes para pagar un viaje de tres meses por el mundo.

Pero tampoco esperamos a tener absolutamente todo resuelto para empezar.

Ese fue uno de nuestros mayores aprendizajes:

No necesitás tener todo listo para empezar a organizar tu viaje. Necesitás empezar.


2. Nos dimos aproximadamente un año para prepararlo

Desde aquella noche frente a la película hasta el día que despegamos pasó aproximadamente un año.

El primer vuelo lo compramos apenas un par de meses después de que surgiera la idea.

Y ahí comenzó una especie de ritual.

Cada fin de semana nos sentábamos a buscar vuelos.

Probábamos diferentes combinaciones, cambiábamos destinos, mirábamos fechas, comparábamos aerolíneas y buscábamos la forma más económica de conectar una ciudad con la siguiente.

Cuando encontrábamos una combinación que nos parecía buena, la comprábamos.

Después vendría otro vuelo.

Después un alojamiento.

Después un traslado.

Después una actividad.

Y así, fin de semana tras fin de semana, el viaje empezó a construirse.


3. Y sí… compramos primero el vuelo de regreso 😂

Esta probablemente sea una de las partes más curiosas de nuestra planificación.

En lugar de empezar comprando el vuelo desde Uruguay hacia nuestro primer destino, compramos primero el vuelo que nos iba a traer de vuelta a casa.

Habíamos encontrado una oferta espectacular que nos permitía hacer:

Nueva Zelanda → Polinesia Francesa → Isla de Pascua → Santiago → Montevideo

Todo por menos de USD 900.

Era una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar.

Así que lo compramos.

Todavía no teníamos todos los vuelos de ida.

Pero ya teníamos algo importantísimo:

sabíamos cómo íbamos a volver a casa.

Y, curiosamente, eso nos dio mucha tranquilidad.

A partir de ese momento sentimos que el viaje ya estaba en marcha.


4. Cómo diseñamos nuestra ruta alrededor del mundo

Nuestro objetivo estaba claro:

queríamos dar una vuelta completa al planeta.

Pero no queríamos hacerlo de cualquier manera.

La ruta se fue construyendo principalmente en función de:

  • precios de los vuelos;
  • conexiones disponibles;
  • fechas;
  • clima;
  • lugares que soñábamos conocer;
  • y oportunidades que aparecían durante la búsqueda.

No teníamos una regla del estilo “cada vuelo tiene que costar menos de X dólares”.

Buscábamos algo mucho más sencillo:

una buena relación entre precio, duración y conveniencia.

Por ejemplo, en determinado momento teníamos previsto viajar a Egipto desde España.

Pero al buscar alternativas descubrimos que salía más barato y conveniente hacerlo desde Milán.

¿La solución?

Cambiar España por Italia.

Así fue como nuestra ruta fue tomando forma.

Y ahí descubrimos algo fundamental:

Cuando organizás una vuelta al mundo, no necesariamente tenés que elegir primero los países y después buscar cómo llegar. Muchas veces conviene hacer exactamente lo contrario.

Encontrás una buena conexión y después adaptás la ruta.


5. También dejamos espacio para cumplir sueños

Aunque el precio era muy importante, no queríamos convertir la vuelta al mundo en una carrera de aeropuertos.

Había lugares que queríamos conocer sí o sí.

Y otros que aparecieron porque, simplemente, estábamos cerca.

Así terminaron formando parte de nuestro recorrido lugares que parecían completamente fuera de la ruta original.

Maldivas y la Polinesia Francesa eran dos de esos sueños.

Y poder incluirlos en nuestra vuelta al mundo fue una de las mejores decisiones que tomamos.

Porque cuando estás organizando un viaje tan grande, también hay que dejar un lugar para esa pregunta:

“Si estoy acá y probablemente nunca vuelva… ¿qué sueño podría cumplir?”


6. Buscábamos los vuelos en Skyscanner

Nuestra herramienta principal para buscar vuelos era Skyscanner.

Pasábamos muchísimo tiempo probando combinaciones.

No buscábamos simplemente:

“Montevideo → París.”

Buscábamos alternativas.

¿Y si salíamos desde Buenos Aires?

¿Y si volábamos a otra ciudad?

¿Y si cambiábamos la fecha?

¿Y si utilizábamos otra aerolínea?

¿Y si hacíamos una escala?

La idea era encontrar la combinación que ofreciera la mejor relación precio/calidad.

En algunos casos utilizamos millas y compramos directamente en la página de la aerolínea.

También hubo algunos vuelos que compramos a través de agencias locales porque nos permitían financiarlos en varias cuotas.

Pero la búsqueda generalmente empezaba siempre igual:

Skyscanner abierto y a buscar.


7. No compramos todo de golpe

Una de las claves de nuestra planificación fue que no tuvimos que pagar todo el viaje de una sola vez.

Lo fuimos construyendo.

Un fin de semana comprábamos un vuelo.

Otro, un alojamiento.

Otro, un traslado.

Otro, una excursión.

Y cada compra quedaba registrada.

Cuando llegó el momento de salir de Uruguay, aproximadamente el 90% del viaje ya estaba pagado.

Eso fue fundamental para nosotros.

Durante ese año fuimos aprovechando nuestros ingresos, el aguinaldo, el salario vacacional y algunos trabajos puntuales.

Incluso llegamos a pensar en hacer rifas y, en el peor de los casos, vender nuestro auto para poder completar el viaje.

Pero en medio de todo apareció algo que terminó cambiando nuestra situación.


8. Una idea de negocio terminó ayudándonos a financiar el viaje

En mitad del proceso se me nos ocurrió crear un negocio de venta de videojuegos retro.

La idea comenzó como un proyecto paralelo, pero poco a poco empezó a dar sus frutos.

Y terminó convirtiéndose en una ayuda enorme para poder pagar lo que todavía faltaba del viaje.

Incluso al regresar, el negocio nos ayudó muchísimo a hacer frente al sobregiro que habíamos generado durante la aventura.

Esto también fue parte de nuestra vuelta al mundo.

No tuvimos un fondo millonario esperando por nosotros.

Fuimos encontrando la manera.

Y creo que esa es una de las cosas que más nos gusta recordar cuando miramos hacia atrás.


9. Organizamos todo en un Excel

Puede parecer aburrido.

Pero nuestro Excel terminó siendo prácticamente el centro de operaciones de la vuelta al mundo.

La estructura era muy sencilla:

DestinoFechaVueloAlojamientoTransporteActividadPrecioPagadoPendiente

Cada vez que comprábamos algo, lo registrábamos.

Eso nos permitía saber:

  • qué teníamos reservado;
  • qué faltaba pagar;
  • cuánto costaba cada tramo;
  • qué actividades estaban contratadas;
  • qué transporte necesitábamos;
  • y qué quedaba pendiente.

No necesitábamos una aplicación sofisticada.

Un buen Excel nos alcanzó perfectamente.


10. Las visas: investigar antes de comprar

Esta fue una de las partes más importantes de la planificación.

Cada vez que decidíamos incorporar un país al recorrido, investigábamos sus requisitos de entrada.

Y acá cometimos un error importante que después nos costaría bastante dinero.

Pero vamos por partes.

Dependiendo del destino, encontramos diferentes sistemas:

  • visas que se podían tramitar online;
  • visas on arrival;
  • trámites presenciales;
  • requisitos especiales;
  • documentación adicional.

Algunas visas tuvimos que tramitarlas incluso desde Argentina y, en determinados casos, contratamos una gestora.

Para Vietnam, por ejemplo, necesitábamos una carta emitida por una agencia de turismo local.

Por eso, una recomendación fundamental es:

No compres un vuelo simplemente porque encontraste una oferta increíble sin antes revisar si podés entrar al país.

Y no solamente hay que revisar el país de destino.

También hay que mirar los países donde vas a hacer escala.

Nosotros aprendimos esto de la peor manera.


11. El error que nos costó caro: Australia

Nuestro mayor error de planificación ocurrió en Malasia.

Teníamos una conexión en Australia y la escala era lo suficientemente larga como para que pudiéramos salir del aeropuerto y conocer un poco.

El problema era que estábamos cambiando de aerolínea durante la conexión y necesitábamos una visa de tránsito.

No la habíamos tenido en cuenta.

Nos dimos cuenta prácticamente cuando estábamos por abordar.

La solución fue bastante drástica:

comprar dos vuelos directos desde Malasia hasta Auckland.

Y sí… nos salió caro.

Muchísimo más de lo que teníamos previsto.

Hoy, antes de comprar cualquier vuelo con escala, revisamos:

¿Necesitamos visa para hacer tránsito?

Incluso si no pensamos salir del aeropuerto.


12. Revisamos las vacunas

También investigamos los requisitos sanitarios de cada destino.

Una de las vacunas que nos dimos fue la de la fiebre amarilla, principalmente como precaución porque estaba dentro de los requisitos que debíamos contemplar para nuestro recorrido por Tailandia.

Para un viaje de varios meses y tantos países, este punto no debería dejarse para último momento.

Los requisitos pueden cambiar, por lo que siempre conviene consultar fuentes oficiales antes de viajar.


13. Elegimos un seguro pensado para un viaje largo

Para el viaje contratamos un seguro global que nos cubría hasta 90 días corridos al año.

Si no recordamos mal, era MAPFRE.

En nuestro caso resultaba bastante más económico que contratar un seguro específicamente por cada viaje o por cada tramo.

Cuando estás planificando una vuelta al mundo, vale la pena comparar no solamente el precio, sino también:

  • duración;
  • cobertura médica;
  • equipaje;
  • cancelaciones;
  • asistencia;
  • deportes o actividades;
  • límites de cobertura;
  • y condiciones específicas.

14. El gran desafío: qué llevar en una mochila para tres meses

Esta parte fue todo un desafío.

Cada uno llevaba una mochila Quechua de 60 litros, con soportes de aluminio que las hacían bastante cómodas y livianas para llevar durante tantas horas.

Además:

  • yo llevaba un morral grande;
  • Sabrina llevaba una mochila pequeña para el día a día.

Y eso era prácticamente todo.

Pensá que nuestro viaje incluía:

❄️ Europa en invierno
☀️ Sudeste Asiático
🏝️ Maldivas
🌴 Polinesia Francesa
🗿 Isla de Pascua

Necesitábamos ropa para temperaturas completamente diferentes.

Y ahí aprendimos una de las grandes reglas de viajar con mochila:

Casi siempre llevás más ropa de la que realmente necesitás.

Intentamos combinar prendas y llevar un poco de ropa de frío y de calor.

Pero además tuvimos una solución bastante práctica.

Cuando llegamos a Italia, enviamos la ropa de invierno por correo hacia Uruguay.

De esa manera, cuando dejamos atrás el frío europeo y empezamos a movernos por destinos cálidos, nuestras mochilas recuperaron espacio y peso.

Y funcionó muy bien.


15. Reservamos aproximadamente el 95% del viaje desde Uruguay

Cuando salimos de Uruguay, la ruta estaba prácticamente definida.

Habíamos reservado aproximadamente el 95% del viaje antes de salir.

Eso nos daba mucha tranquilidad porque sabíamos dónde íbamos a dormir, cómo nos íbamos a mover y cuál era nuestro siguiente destino.

Pero también tenía una desventaja:

teníamos menos margen para improvisar.

Y esto es algo que hoy haríamos diferente.


16. El alojamiento barato no siempre es el más barato

Durante el viaje aprendimos otra lección importantísima.

Cuando buscábamos alojamiento, nuestro primer criterio era:

precio + comentarios.

Después mirábamos la ubicación.

Y ahí cometimos un error.

En algunas ciudades, como Londres o Francia, elegimos alojamientos que estaban bastante alejados del centro porque eran más baratos.

El problema apareció después.

Todos los días teníamos que:

  • viajar más;
  • gastar más en transporte;
  • levantarnos antes;
  • regresar más tarde;
  • y perder muchísimo tiempo.

Al final, ese alojamiento barato podía terminar costándonos lo mismo —o incluso más— que uno un poco más caro y mejor ubicado.

Por eso hoy nuestro criterio sería:

No busques solamente el alojamiento más barato. Buscá el mejor equilibrio entre precio, ubicación y calidad.

Ahorrar USD 10 en una noche no tiene sentido si después vas a gastar USD 15 adicionales en transporte y dos horas todos los días.


17. Airbnb y Booking fueron grandes aliados

Durante el viaje utilizamos muchísimo Airbnb y Booking.

En algunos destinos buscábamos apartamentos porque nos permitían tener más espacio y, sobre todo, cocinar.

Eso ayudaba mucho a controlar los gastos.

En otros preferíamos hoteles u hostales.

No teníamos una regla rígida.

Mirábamos:

precio → comentarios → ubicación → servicios.

Y elegíamos en función del destino.


18. Cómo manejábamos el dinero

No llevábamos todo el dinero en efectivo.

La mayor parte estaba en nuestra cuenta bancaria y utilizábamos principalmente tarjetas de débito y crédito.

En cada destino sacábamos una pequeña cantidad de efectivo de un cajero automático y el resto lo pagábamos con tarjeta.

Además, viajábamos con más de una tarjeta.

Eso es algo que recomendamos especialmente para un viaje tan largo.

Porque si una tarjeta se pierde, se bloquea o deja de funcionar, no querés encontrarte al otro lado del mundo sin alternativas.


19. Internet: en aquella época era diferente

Hoy parece sencillo comprar una eSIM y tener Internet prácticamente desde que aterrizás.

Pero cuando hicimos nuestra vuelta al mundo las eSIM todavía no eran tan populares.

Así que utilizábamos principalmente:

  • Wi-Fi de los alojamientos;
  • Wi-Fi de restaurantes;
  • roaming de nuestra compañía;
  • y una aplicación que nos resultó muy útil: WiFi Map Pro.

La aplicación permitía encontrar redes Wi-Fi compartidas por otros usuarios y, en algunos casos, las contraseñas de los lugares.

En aquel momento nos salvó más de una vez.


20. Las aplicaciones que nos acompañaron por el mundo

Nuestro teléfono terminó siendo una herramienta de viaje fundamental.

Estas fueron algunas de las aplicaciones que más utilizamos:

📍 Google Maps

Para ubicarnos, caminar y encontrar lugares.

🗺️ Maps.me

Especialmente útil para tener mapas sin conexión.

🚕 Uber

Nos salvó en muchísimos destinos.

🛺 Grab

Fundamental para movernos por el sudeste asiático.

🏨 Booking

Para buscar y reservar alojamientos.

🏠 Airbnb

Para apartamentos y estancias más largas.

🌐 Google Translate

Especialmente útil cuando el idioma se convertía en una barrera.

Y, en aquel momento, WiFi Map Pro era otra de nuestras imprescindibles.


21. Cómo organizamos nuestro trabajo y nuestras vacaciones

Hay un detalle de la planificación que muchas veces se pasa por alto:

¿Cómo te ausentás tres meses si tenés un trabajo?

En mi caso tuve que organizarlo con bastante anticipación.

Guardé toda la licencia anual para utilizarla durante diciembre y la combiné con la licencia correspondiente a enero.

Además, solicité un mes sin goce de sueldo.

De esa manera conseguimos juntar prácticamente tres meses de viaje.

Fue una pieza fundamental del rompecabezas.

Porque planificar una vuelta al mundo no es solamente elegir vuelos y hoteles.

También hay que organizar:

trabajo, dinero, obligaciones y vida cotidiana.


22. ¿Teníamos miedo de que algo saliera mal?

Curiosamente, no demasiado.

Siempre tuvimos la sensación de que de alguna manera lo íbamos a hacer funcionar.

Y si algo salía mal, pensábamos que simplemente tendríamos que acortar el viaje.

El momento donde probablemente tuvimos más dudas fue al principio.

Pero después de comprar aquel famoso vuelo de regreso…

Ya estábamos jugados. 😂

Habíamos comprado el primer gran pedazo del sueño.

Y había algo reconfortante:

sabíamos que, pasara lo que pasara, teníamos un vuelo que nos iba a devolver a casa.


23. Lo que hoy haríamos diferente

Si tuviéramos que organizar nuevamente una vuelta al mundo, hay algo que cambiaríamos sin dudar:

pasar más tiempo en cada lugar.

En aquel momento queríamos aprovechar cada minuto.

20 países.

5 continentes.

Decenas de vuelos.

Parecía que había que conocerlo todo.

Y lo hicimos.

Pero hacia el final del viaje empezamos a sentir el cansancio.

Llegábamos a un destino nuevo y algunas veces ya no teníamos ganas de hacer una excursión o salir a recorrer.

Hoy elegiríamos menos destinos y más tiempo en cada uno.

Porque viajar no debería convertirse en una carrera para marcar países en un mapa.


24. Nuestra fórmula para organizar una vuelta al mundo

Después de haberlo vivido, creemos que la planificación podría resumirse así:

1. Soñá primero

Elegí los lugares que realmente querés conocer.

2. Definí cuánto tiempo tenés

Tres meses, seis meses, un año…

3. Empezá a buscar vuelos

No necesariamente desde tu ciudad hasta el destino final.

Buscá combinaciones.

4. Construí la ruta según las oportunidades

Precio + conexiones + clima + sueños.

5. Revisá visas antes de comprar

Incluyendo las escalas.

6. Reservá de a poco

No necesitás pagar todo el viaje el primer día.

7. Organizá todo en un Excel

Que tengas claro qué está reservado, pagado y pendiente.

8. Prepará documentación y seguro

No lo dejes para último momento.

9. Viajá ligero

Llevá menos de lo que pensás.

10. Priorizá ubicación

Un alojamiento barato puede terminar siendo caro.

11. Dejá margen para descansar

No intentes verlo absolutamente todo.

12. Y, sobre todo, empezá

Porque probablemente ese sea el paso más difícil.


¿Cuánto cuesta realmente dar la vuelta al mundo?

Una de las primeras preguntas que seguramente tengas es:

“¿Y cuánto dinero necesito para hacer algo así?”

Nosotros también nos hicimos esa pregunta antes de salir.

Y como tenemos todos nuestros gastos registrados, escribimos un artículo específico contando cuánto gastamos realmente durante tres meses y 20 países, incluyendo vuelos, alojamientos, transporte, comidas y actividades.


🌎 Lo más importante: empezar

Cuando miramos hacia atrás, resulta increíble pensar que todo comenzó una noche mirando una película.

No teníamos todos los vuelos.

No teníamos todo el dinero.

No teníamos la ruta completa.

Ni siquiera sabíamos exactamente cómo íbamos a conseguirlo.

Pero compramos un vuelo.

Después otro.

Después un alojamiento.

Después otro.

Y durante un año fuimos construyendo nuestro viaje.

Hasta que llegó el día en que dejamos de hablar de “el viaje que queremos hacer” y empezamos a hablar de “nuestro viaje”.

Y finalmente llegó el momento de ponernos las mochilas, cerrar la puerta de casa y subirnos al avión.

Después vendrían 35 vuelos, 20 países, cinco continentes, trenes, metros, buses, taxis, Uber, Grab, tuk tuks, ferrys, lanchas, motos, cientos de kilómetros y miles de historias.

Pero todo eso empezó mucho antes.

Empezó con una pregunta:

“¿Y si damos la vuelta al mundo?”

Y quizás, si vos también tenés ese sueño dando vueltas en la cabeza, el próximo paso sea simplemente hacerte la misma pregunta.

¿Y si lo hacemos? 🌎✈️

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